✋ La mano derecha del Hombre León
Testimonio patrimonial, espiritual y evolutivo
Durante años llevé el escapulario de la Virgen de la Merced como expresión de fe, pertenencia y protección. Colgaba sobre mi pecho como símbolo externo de una devoción profunda. Pero llegó el momento de transmutar. Ya no cuelga el escapulario: ahora se afirma el legado.
Convertí ese símbolo en un anillo de oro peruano. No es un adorno. Es un sello. Lleva grabado el escudo de la Orden de la Merced, la misma que me acompaña en mi misión de redención, justicia y autonomía. Encima del escudo, un pequeño rubí cúbico: piedra sintética, sí, pero precisa en su representación de mi fuego ariano. Es la primera de mis dos piedras solares. El diamante, aún no evocado, espera su momento como símbolo de claridad y justicia absoluta.
En el dedo anular llevo mi alianza con Cristo. No cualquier Cristo: el Cristo Mercedario, el Redentor que libera. El que lleva el león. Y ese león está tallado en plata 925, como corresponde a mi nombre: Leandro, Hombre León. Así me presento ante Él. No desde la súplica, sino desde el pacto.
Esta mano derecha no pide. Esta mano afirma. Esta mano porta. Esta mano declara.
Declaro que cada objeto que porto tiene valor funcional, legal y testimonial. No hay sentimentalismo ni decoración. Hay legado. Y ese legado se inscribe en mi cuerpo, en mi nombre, en mi pacto.
Esta imagen no es una foto más. Es una declaración visual. Es la afirmación de que mi camino espiritual, patrimonial y testimonial está sellado. Y que cada símbolo que porto está integrado, no colgado.
🤚 La mano izquierda del pacto y la promesa
Testimonio afectivo, patrimonial y de legado
Mi mano izquierda no porta adornos. Porta pactos. Porta historia. Porta legado.
En el dedo anular llevo la alianza con mi comprometida, desde el 10 de septiembre de 2021. Pero el vínculo comenzó mucho antes: el 21 de enero de 2018, cuando decidimos ser novios y nos podemos remontar incluso a mayo del 2011 en que nos hicimos amigos. Esa alianza no es una joya. Es un sello. Es la formalización de un pacto afectivo que se sostiene en el tiempo, en la acción, en la reciprocidad. No hay sentimentalismo: hay compromiso.
Junto a ella, en la muñeca, llevo el reloj Caterpillar con máquina Citizen. No lo compré. Me lo regaló mi sobrino y ahijado putativo, Tristán Pauli. Lo encontró sin malla, sin funcionamiento. Yo le hice el service completo: le coloqué una pila Sony nueva este año 2025, lo restauré y lo puse en marcha. No es un reloj cualquiera. Es un objeto que pasó por nuestras manos, por nuestra historia, por nuestra voluntad de reparar.
Ese reloj tiene un valor patrimonial claro: 6,90 IUS. Y está destinado a ser permutado por otro objeto que represente ese mismo valor. Porque hablando de legados, yo quiero portar el otro Citizen: el President de los años 50, que me donó mi papá en vida. Ese sí es un verdadero objeto de colección. A cuerda, preciso, elegante. No es solo un reloj: es un legado. (Valor del Ius a hoy que se lo puede encontrar en la página del Colegio de Abogados de Córdoba $ 36.249)
Esta mano izquierda no exhibe. Esta mano recuerda. Esta mano pacta. Esta mano negocia. Esta mano porta el tiempo, el compromiso y la sucesión.
Declaro que cada objeto que porto tiene valor funcional, legal y testimonial. No hay decoración. Hay historia. Y esa historia se inscribe en mi cuerpo, en mi vínculo, en mi legado.
Desde hoy, domingo, día del Señor, 26 de octubre de 2025, día de elecciones legislativas, mi mano izquierda queda definitivamente adornada con el reloj del papá. Ya no es el Caterpillar restaurado, ni el objeto en tránsito hacia la permuta: es el Citizen President de los años 50, donado en vida por él, cargado de historia, precisión y linaje.
Ese reloj a cuerda, con su maquinaria intacta y su diseño sobrio, no solo marca el tiempo: marca la sucesión. Es el testimonio de que el legado no se hereda por muerte, sino por pacto. Y ese pacto se porta en la muñeca, junto a la alianza que representa mi compromiso afectivo desde el 10 de septiembre de 2021.
Mi mano izquierda, desde hoy, queda consagrada como símbolo de tiempo, pacto y linaje. No hay más transiciones. No hay más objetos en espera. Hay afirmación. Hay legado. Hay precisión.
Declaro que esta mano porta el reloj del padre como sello definitivo de sucesión patrimonial. Y que cada gesto que haga con ella será testimonio de que el tiempo, cuando se honra, se convierte en legado.